Nota mental: Respirar

>> martes, 18 de septiembre de 2018

Hoy una entrada de las breves pero a veces de las necesarias.

Cuando sientas que pierdes el control y te veas desbordado, saturado o agobiado: para, relájate y sobretodo, RESPIRA.

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Volviendo a la rutina postagostil

>> lunes, 27 de agosto de 2018

"Un café con sal, ganas de llorar. Mi mundo empezando a temblar. Presiento que se acerca el final". Pues sí, se acerca el final... del mes de Agosto. Y con él, el mundo tiembla; empieza un "nuevo curso". También nos echamos a llorar al ver la cuesta de septiembre. Pero no todo es negativo.

Desde mi época de estudiante, más concretamente en Bachillerato, siempre que tengo que ponerme a hacer un trabajo que requiera de concentración, creatividad y en el que tenga que dedicar máxima atención, no puede faltar de fondo La Oreja de Van Gogh y su álbum "Lo que te conté mientras te hacías las dormida". Tal y como dice el tema "Puedes contar conmigo", su música acompañada de un buen café (con azúcar en este caso) me ayuda a relajarme y a avanzar.

No puedo decir que tenga el Síndrome Postvacacional (ver cómo evitarlo), ya que es precisamente en verano cuándo más trabajo tengo en mi sector, puesto que es temporada alta en Ocio.

A pesar de ello, sí que se vuelve a retomar esas actividades que se dejaron en paréntesis en junio. Ahora, junto al café, la música, y con un bolígrafo y papel, ya estoy preparando la nueva temporada del programa radiofónico "De Què Parlem?" que hago cada año en Ràdio Nova. Programa que llevará ya 16 temporadas en antena. 

Además, también retomaré una actividad que descubrí hace dos años y que no pensé que me atrevería a hacer nunca, Teatro. Es increíble ver lo terapéutico que puede llegar a ser reunirte cada semana con gente que comparte la misma afición para pasarlo bien jugando.

Dos actividades que ya tengo ganas de recuperar, porque ya lo dicen, hay cosas que se convierten en tu hobby y afición. Y aunque algunos apuesten por renunciar, hemos de luchar por mantenerlas y seguir haciendo esas pequeñas cosas que nos gustan y nos da la vida. Tenemos que dejar de ser sumisos a la sociedad.





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Inquietudes ilusorias

>> lunes, 30 de julio de 2018

Desde que acabé la segunda carrera, alrededor del 2010, siempre he tenido una inquietud en mente. Cuando finalizas los estudios tienes ganas de trabajar, de comerte el mundo y de disfrutar de hacer de tu hobby tu trabajo, pero a veces las cosas no resultan como uno piensa. 

Los obstáculos son muchos y el mercado laboral es cada vez más complicado. Si quieres pagarte el alquiler, tienes que acabar aceptando cualquier trabajo que te permita mantenerte, aunque se aleje kilómetros de tus objetivos o de tus planes iniciales.

Te das cuenta que el tiempo pasa y siempre mantienes en la cabeza eso de: nunca es tarde, un poco más, algo encontraré que esté relacionado con mis estudios. Pero la verdad es que te acabas acomodando y te acabas haciendo a la idea de que tu ilusión solo era eso, una ilusión inocente que nunca se podrá hacer realidad. 

Lo acabas asumiendo. Ya no esperas nada, solo ves los días pasar (como dice la canción de Fangoria). Ya casi ni te acuerdas, hasta que una mañana te levantas y algo ha cambiado. Has vuelto a notar ese gusanillo que recorre el estómago. Vuelves a tener ganas de moverte, ganas de empezar de cero, ganas de demostrarte a ti mismo que los sueños se pueden cumplir. Descubres que la ilusión tiene algo mágico, es un objetivo que hace que te levantes cada día con buen humor y con ganas de crecer siendo tu mismo y siendo tu quien dicte las normas. 

Así que, tras unos años dándole vuelta y perdiendo la esperanza, finalmente me he decidido y me lanzo a la piscina. ¿Por qué no crear mi propia productora o empresa de comunicación? ¿Quién me lo impide? ¿Por qué no intentarlo? ¡Pues claro que sí! 

Me quito la venda y empiezo la aventura de montar una empresa. Sea cual sea el resultado, seguro que la experiencia será positiva, aprendiendo de los baches y tropiezos, pero también de las cosas buenas. Ahora me vuelvo a encontrar como ese chico recién licenciado, con ganas de comerse el mundo o al menos, con ganas de evitar que el mundo se me coma a mi arrebatándome mi ilusión.

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Realidades del más allá: La caja

>> lunes, 9 de julio de 2018

La caja

Voy andando poco a poco, mirando de un lado al otro. El calor empieza a apretar bastante y el sol hace justicia. Antes de coger el metro para ir al apartamento decidí salir del Aeropuerto y tomarme algo fresquito. Estaba de vacaciones y no tenía ganas de andar con prisas. 

Cafeterías, bares, restaurantes, puestos de comida y bebida ambulantes… había mucho donde escoger, pero como siempre, se me pasa por la cabeza lo de “bueno este está bien, pero sigo mirando a ver que veo”. ¿Por qué en vez de quedarnos en el primer sitio que vemos seguimos buscando para luego volver al mismo? Es lo que pasó. Después de varias vueltas acabé volviendo al primero que vi al salir del Aeropuerto. Un bar pequeño, un pequeño local llamado “Ámbar”. 

Tras dedicar unos minutos en decidir si dentro o fuera, me siento en la terraza, bajo un parasol bastante grande. No tenía ganas de encerrarme entre cuatro paredes. Al acercarse el camarero le pido mi bebida favorita, una Fanta, pero Murphy se me había adelantado. No quedaba Fanta. Entonces pido una coca-cola. Tampoco le quedaban… Tras varios intentos y ya un tanto mosqueado, le digo con un tono indignado que me traiga lo que tenga pero que esté fresco. El camarero toma nota, me mira de reojo y se va hacia dentro. 

Soy consciente que no había empezado el viaje de la mejor manera pero no tenía por qué seguir o acabarlo igual, tenía la esperanza que remontaría. Desde hace días noto una sensación estaña de acoso, aunque no me pregunto quién es, lo sé, Murphy quiere jugar y no me va a dejar tranquilo hasta que se aburra de mi o… consiga de mi lo que quiera, ¿Qué será? Lo desconozco… 

Mientras miro a mi alrededor algo llama mi atención. Veo a un hombre vestido de marrón y con gafas de sol oscuras sentado unas mesas más a mi derecha. Está leyendo uno de esos periódicos gratuitos que hasta ese momento pensaba que ya no existían. Por alguna razón curiosa me daba la impresión que me miraba a mi y no al periódico. De pronto me empiezo a fijar más a fondo en su persona. Su boca era totalmente inexpresiva y sus manos sujetaban el periódico de manera firme, arrugando un poco por los extremos. Sobre la mesa tenía una caja blanca, sin nada escrito en ella… aunque… mientras miraba la caja, el titular del periódico visto de refilón me hizo estremecer: el periódico estaba del revés. ¡Estaba fingiendo que leía el periódico! ¿Me miraba a mi? ¿Qué quería? 

Asustado, decidí irme pero, cuando estaba a punto de levantarme… ¡PLAF! el camarero apareció y me sirvió un vaso de agua con dos cubitos enormes, mientras me dice: Lo más refrescante y natural, agua del grifo, son 3 euros. Más decepcionado que cabreado, le pagué los 3 euros para que se quitase del medio. Cuando lo hizo, el hombre de marrón ya no estaba en la mesa. No había ni rastro de él ni del periódico ni de la caja. Un tanto tembloroso, me bebo el vaso de un trago y me dispongo a levantarme cuando, de pronto, noto una extraña vibración en el bolsillo. ¿Quién me llama? Al coger el móvil no tenía ninguna llamada, ni mensaje ni notificación… habrá sido una de esas llamadas “fantasma” que dicen que hace nuestra mente. Sea como fuere, cogí la maleta, me puse la gorra, las gafas de sol y me dirigí hacia la boca del metro. 

– Continuará –

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Homenaje a los teletiendas

>> lunes, 11 de junio de 2018

Los teletiendas. Esos programas tan fascinantes e hipnóticos que te intentan vender humo y que cuando compras, luego nada es lo que parece.

Esos espacios televisivos donde los argumentos son redundantes, los conceptos a veces equivocados y los precios un tanto desorbitados con ofertas sospechosas. Y por supuesto, con sus faltas ortográficas camufladas en la rotulación y en los contenidos del mismo.

Por supuesto que, además de lo comentado, también los hay profesionales, de calidad y realmente con productos que valen la pena. Pero hoy el homenaje van a los que abundan en las cadenas por la madrugada, cuando muchos de ellos parecen improvisados. De ahí su arte, te enganchan, como los programas de tarot.





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La lluvia

>> martes, 5 de junio de 2018

Lluvia cae. Lluvia se oye. Lluvia se ve. Lluvia se respira. Lluvia se siente. 

Días como el de hoy son aquellos que llenan de paz y de tranquilidad. El agua es vida y esa es la sensación que te deja. Estamos en junio, llueve sobre mojado, a veces de manera dispersa y otras a cubos. 

Las gotas se dejan caer desde la nube hasta el suelo, llenando pantanos, dando de beber a animales y plantas. Esa agua purificadora que limpia el ambiente, la energía acumulada, y la negatividad. Humedad que se lleva los malos aires y que se queda pegada en tu piel mientras miras por la ventana o corres por la calle para ponerte a cubierto. 

Oro líquido que tan necesario es y que solo se valora cuando no se tiene. Por ello y de la nada, le dedico este poema. Para aquellos días en que miramos al cielo y nos preguntamos porqué nos abandona, por qué no llueve.
La lluvia que se ve y se siente 
es agua que cae firme y valiente. 
Corre por los ríos y descansa en los lagos, 
abriendo caminos cortos y a veces largos. 

La humedad en el ambiente le acompaña, 
ya sea en la ciudad o en la montaña. 
A veces con aire, a veces con tormenta, 
con aroma a barro y otras a menta. 

El sol lucha por seguir reinando, 
mientras las nubes siguen volando. 
Todo acaba con la paz de los colores, 
arcoíris que se ve desde todos los rincones. 
 Así pues, dejemos que estos días nos llenen de melancolía, tapados con mata en el sofá o viendo llover tras la ventana. Dejemos que un sin fin de sensaciones se apodere de nosotros mientras la naturaleza hace su trabajo. Dejemos que el agua corra y siga su camino, ya que de ella depende nuestro destino.

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Las 03:33 am

>> lunes, 14 de mayo de 2018

Las 03:33 am. Una hora marcada por todos los relojes, todos los días, todos los años. Una hora que para muchos pasa desapercibida mientras estamos navegando por los sueños más profundos guiados por el subconsciente. Es una hora como cualquier otra, pero hoy no es la misma de siempre, hoy es diferente.

Despertarse a una hora inusual te pone en alerta; te hace ver que algo no va bien. Esa señal inequívoca que te indica que has de pararte y escucharte a ti mismo, escuchar a tus pensamientos. Para mí estas horas son las más creativas. El silencio, la calma y la paz que reina a mi alrededor me ayuda a reflexionar y poner en orden mis pensamientos. Temas que me ofuscan durante el día y problemas que parecen no tener salida, se ven diferentes cuando dejas que la calma se apodere de ti. El silencio te ayuda a ver, a sentir y a entender aspectos que parecen insuperables durante el día, pero que al final son insignificantes.

Vuelvo a mirar el reloj, las 03:38 am. Solo han pasado cinco minutos desde que mi mente ha pedido oxigenarse y ya veo las cosas más claras que antes. ¿Por qué no tendremos estos momentos místicos durante el día? ¿Por qué nos cargamos de negatividad durante horas y no aprendemos a descargarla o convertirla en energía positiva?

Sin saber muy bien por qué, dejo hacer a mi cuerpo lo que me pida en ese momento. Me entran ganas de escribir y me pongo a ello. A veces frases sin sentido; ideas que podrían ser grandes historias; o preocupaciones que podrían convertirse en soluciones a otros problemas. ¿En qué nos está convirtiendo esta sociedad? ¿Por qué vemos como raros esos pequeños momentos de paz en que hacemos lo que nos apetece? 

Las 03:59 am. Las cuatro están a punto de invadir al reloj. Solo han sido unos minutos, pero suficientes para recargar pilas y poner en orden mis pensamientos. Ahora, voy a reconectar el piloto automático para que mi subconsciente vuelva a elegir rumbo y me guie hasta el nuevo día.

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