Suave y Sutil

>> martes, 13 de noviembre de 2018

Esta vez toca un poco de música. La música alegra el alma y de vez en cuando va bien rodearse de ella. En la actualidad lo que abunda es el reggaetón, pero de vez en cuando alguna canción se escapa y rompe esa norma.

A veces no sabes por qué una canción te llega, te toca y te acaricia. Por qué se te queda en la cabeza o por qué te gusta. En ese caso, ¿por qué darle vueltas? disfrutala y relájate.

Es lo que me ha pasado con este tema de Paulina Rubio, de su nuevo álbum Deseo. El tema es Suave y Sutil. ¿Por qué me gusta? no lo sé, pero me envuelve y me acaricia.

¿Qué tema te ha atrapado a ti últimamente, sin saber por qué lo ha hecho?


Letra de la canción:

Como una mosca sobre un caramelo
Busqué ternura pero encontré un error
Con tus ojos bonitos

Habrá quien piensa que busco el peligro
Pero mi herida fue tu culpa mi amor
La cura merito mio

Me sentí fuerte, tan guapa y tan guerrera
Igual que un ángel que camina por la Tierra
Con rojo de labios yo te escribí en el baño
Que todos estos años no entendiste que yo era

Suave y sutil como un presentimiento
Peligrosa como un huracán
Un rayo de luz, un volcán
Soy la dueña del viento
Y tu tormenta perfecta se va

Ay ay ay ay
Que la princesa se aburrió del cuento
Ay ay ay ay
Con tu permiso cambiaré el final

Igual que un perro, feliz sin motivo
Yo tan dolida y tú tan incapaz
Te dejé mis silencios

Le puse hielo a el vaso medio vacío
Ya no daría más lágrimas por ti
Ya se deshizo tu hechizo

Me sentí fuerte, tan guapa y tan guerrera
Igual que un ángel que camina por la Tierra
Con rojo de labios yo te escribí en el baño
Que todos estos años no entendiste que yo era

Suave y sutil como un presentimiento
Peligrosa como un huracán
Un rayo de luz, un volcán
Soy la dueña del viento
Y tu tormenta perfecta se va

Ay ay ay ay
Que la princesa se aburrió del cuento
Ay ay ay ay
Con tu permiso cambiaré el final

Suave y sutil como un presentimiento
Peligrosa como un huracán
Un rayo de luz, un volcán
Soy la dueña del viento
Y tu tormenta perfecta se va

Ay ay ay ay
Que la princesa se aburrió del cuento
Ay ay ay ay
Con tu permiso cambiaré el final

Suave y sutil como un presentimiento
Peligrosa como un huracán
Un rayo de luz
Soy la dueña del viento
Y tu tormenta perfecta se va...

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Realidades del más allá: El ascensor

>> miércoles, 24 de octubre de 2018

El ascensor

¿Quién soy? ¿A dónde voy? ¿Qué hago aquí?

Esas son las preguntas que divagan últimamente por mi interior. Ahora, al estar rodeado de oscuridad, al verlo todo negro y al no ver ni un rayo de luz, la resonancia y el eco de esas preguntas rebotan con más intensidad en mi pequeña cabeza.

¿Qué intento hacer? ¿De qué intento escapar? No lo sé. Sé que algo no está bien, que algo ha de cambiar, pero no veo con claridad el camino. Solo tengo un pensamiento que me invade y me llena de nerviosismo: ¡Quiero salir!

Nunca me han gustado los ascensores. En varias ocasiones me he quedado encerrado dentro, en espacios pequeños, claustrofóbicos; a veces solo, a veces con otras personas. En esta ocasión estaba solo. No había nadie a mi alrededor. Nada se movía ni sonaba. ¿Quién me mandaba coger el ascensor en el metro? ¡Si nunca me subo en ninguno! Sería cosa del destino o, lo más seguro, sería parte del juego de Murphy. En el fondo sabía que lo había cogido para no encontrarme con él por las escaleras.

Desde que vi al hombre de marrón con gafas oscuras y con la caja blanca en el bar, algo había cambiado en mi interior y sabía que algo tenía que pasar. Pero lo último que se me había ocurrido era quedarme encerrado en un cochambroso, pequeño y antiguo ascensor del metro.

Iluminándome con la linterna del móvil y con la batería a menos del 33%, buscaba alguna forma de salir de ahí. Primero miré la botonera, pero los botones no respondían. Vi el pulsador de emergencia y su timbre, que lo único que hace es decoración, ya que ni suena, ni funciona.

Por más que buscaba, no veía ningún telefonillo donde poder llamar. Seguro que habrás pensado ¡Usa el móvil! sí, yo también. Pero como pasa en estos casos, cuando lo necesitas, no hay ni cobertura ni datos de navegación.

Con el rayo de luz blanco de la linterna, sigo examinando las paredes del ascensor, buscando algo con lo que salir de ahí, como si de un enigma o Escape room se tratara. Mientras examinaba las chapas, las juntas, las esquinas, una vibración sorda empezó a notarse por toda la cabina del ascensor. Un brrrrrrrrrrrrrrrrr intenso y ensordecedor empezó a invadir todo el cubículo. Cada vez sonaba más alto y la vibración era más grande hasta que un GRRRROOOUMM sonó encima del techo del ascensor. Del susto, dejé caer el móvil y me tapé los oídos rápidamente mientras me acurrucaba en una de las esquinas de la cabina, como si fuese una personas invisible y así no pudieran verme.

Silencio. Silencio y calma después del estruendo. ¿Qué había sido eso? Asustado busqué el móvil. Al encontrarlo, vi que la pantalla se había roto... ¡qué móviles más delicados! pero eso no es todo, la luz de la linterna había cambiado. Ya no era blanca, era luz negra, de esa de las discotecas y pubs que hacen brillar lo blanco... o de esa que utilizan en CSI para ver las escenas de los crímenes. Sí, en esta situaciones, la cabeza y la mente mezclan la ciencia ficción y la verdad, no ayuda a relajarse demasiado.

Sin saber que hacer, decidí alumbrar las paredes del ascensor con esa luz y .... ¡maldición! empecé a ver arañazos y chorretones por toda la cabina. ¿Sería sangre? o es la explicación que da mi cerebro a la situación? No lo sabía, lo que sí tenía claro es que tenía que dejar de ver tantas películas.

Mirando asustado, en uno de los laterales había algo escrito. Estaba acercándome para leerlo cuando de pronto, un TOC TOC TOC, empezó a sonar en el techo del ascensor.

– Continuará –

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Nota mental: Respirar

>> martes, 18 de septiembre de 2018

Hoy una entrada de las breves pero a veces de las necesarias.

Cuando sientas que pierdes el control y te veas desbordado, saturado o agobiado: para, relájate y sobretodo, RESPIRA.

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Volviendo a la rutina postagostil

>> lunes, 27 de agosto de 2018

"Un café con sal, ganas de llorar. Mi mundo empezando a temblar. Presiento que se acerca el final". Pues sí, se acerca el final... del mes de Agosto. Y con él, el mundo tiembla; empieza un "nuevo curso". También nos echamos a llorar al ver la cuesta de septiembre. Pero no todo es negativo.

Desde mi época de estudiante, más concretamente en Bachillerato, siempre que tengo que ponerme a hacer un trabajo que requiera de concentración, creatividad y en el que tenga que dedicar máxima atención, no puede faltar de fondo La Oreja de Van Gogh y su álbum "Lo que te conté mientras te hacías las dormida". Tal y como dice el tema "Puedes contar conmigo", su música acompañada de un buen café (con azúcar en este caso) me ayuda a relajarme y a avanzar.

No puedo decir que tenga el Síndrome Postvacacional (ver cómo evitarlo), ya que es precisamente en verano cuándo más trabajo tengo en mi sector, puesto que es temporada alta en Ocio.

A pesar de ello, sí que se vuelve a retomar esas actividades que se dejaron en paréntesis en junio. Ahora, junto al café, la música, y con un bolígrafo y papel, ya estoy preparando la nueva temporada del programa radiofónico "De Què Parlem?" que hago cada año en Ràdio Nova. Programa que llevará ya 16 temporadas en antena. 

Además, también retomaré una actividad que descubrí hace dos años y que no pensé que me atrevería a hacer nunca, Teatro. Es increíble ver lo terapéutico que puede llegar a ser reunirte cada semana con gente que comparte la misma afición para pasarlo bien jugando.

Dos actividades que ya tengo ganas de recuperar, porque ya lo dicen, hay cosas que se convierten en tu hobby y afición. Y aunque algunos apuesten por renunciar, hemos de luchar por mantenerlas y seguir haciendo esas pequeñas cosas que nos gustan y nos da la vida. Tenemos que dejar de ser sumisos a la sociedad.





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Inquietudes ilusorias

>> lunes, 30 de julio de 2018

Desde que acabé la segunda carrera, alrededor del 2010, siempre he tenido una inquietud en mente. Cuando finalizas los estudios tienes ganas de trabajar, de comerte el mundo y de disfrutar de hacer de tu hobby tu trabajo, pero a veces las cosas no resultan como uno piensa. 

Los obstáculos son muchos y el mercado laboral es cada vez más complicado. Si quieres pagarte el alquiler, tienes que acabar aceptando cualquier trabajo que te permita mantenerte, aunque se aleje kilómetros de tus objetivos o de tus planes iniciales.

Te das cuenta que el tiempo pasa y siempre mantienes en la cabeza eso de: nunca es tarde, un poco más, algo encontraré que esté relacionado con mis estudios. Pero la verdad es que te acabas acomodando y te acabas haciendo a la idea de que tu ilusión solo era eso, una ilusión inocente que nunca se podrá hacer realidad. 

Lo acabas asumiendo. Ya no esperas nada, solo ves los días pasar (como dice la canción de Fangoria). Ya casi ni te acuerdas, hasta que una mañana te levantas y algo ha cambiado. Has vuelto a notar ese gusanillo que recorre el estómago. Vuelves a tener ganas de moverte, ganas de empezar de cero, ganas de demostrarte a ti mismo que los sueños se pueden cumplir. Descubres que la ilusión tiene algo mágico, es un objetivo que hace que te levantes cada día con buen humor y con ganas de crecer siendo tu mismo y siendo tu quien dicte las normas. 

Así que, tras unos años dándole vuelta y perdiendo la esperanza, finalmente me he decidido y me lanzo a la piscina. ¿Por qué no crear mi propia productora o empresa de comunicación? ¿Quién me lo impide? ¿Por qué no intentarlo? ¡Pues claro que sí! 

Me quito la venda y empiezo la aventura de montar una empresa. Sea cual sea el resultado, seguro que la experiencia será positiva, aprendiendo de los baches y tropiezos, pero también de las cosas buenas. Ahora me vuelvo a encontrar como ese chico recién licenciado, con ganas de comerse el mundo o al menos, con ganas de evitar que el mundo se me coma a mi arrebatándome mi ilusión.

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Realidades del más allá: La caja

>> lunes, 9 de julio de 2018

La caja

Voy andando poco a poco, mirando de un lado al otro. El calor empieza a apretar bastante y el sol hace justicia. Antes de coger el metro para ir al apartamento decidí salir del Aeropuerto y tomarme algo fresquito. Estaba de vacaciones y no tenía ganas de andar con prisas. 

Cafeterías, bares, restaurantes, puestos de comida y bebida ambulantes… había mucho donde escoger, pero como siempre, se me pasa por la cabeza lo de “bueno este está bien, pero sigo mirando a ver que veo”. ¿Por qué en vez de quedarnos en el primer sitio que vemos seguimos buscando para luego volver al mismo? Es lo que pasó. Después de varias vueltas acabé volviendo al primero que vi al salir del Aeropuerto. Un bar pequeño, un pequeño local llamado “Ámbar”. 

Tras dedicar unos minutos en decidir si dentro o fuera, me siento en la terraza, bajo un parasol bastante grande. No tenía ganas de encerrarme entre cuatro paredes. Al acercarse el camarero le pido mi bebida favorita, una Fanta, pero Murphy se me había adelantado. No quedaba Fanta. Entonces pido una coca-cola. Tampoco le quedaban… Tras varios intentos y ya un tanto mosqueado, le digo con un tono indignado que me traiga lo que tenga pero que esté fresco. El camarero toma nota, me mira de reojo y se va hacia dentro. 

Soy consciente que no había empezado el viaje de la mejor manera pero no tenía por qué seguir o acabarlo igual, tenía la esperanza que remontaría. Desde hace días noto una sensación estaña de acoso, aunque no me pregunto quién es, lo sé, Murphy quiere jugar y no me va a dejar tranquilo hasta que se aburra de mi o… consiga de mi lo que quiera, ¿Qué será? Lo desconozco… 

Mientras miro a mi alrededor algo llama mi atención. Veo a un hombre vestido de marrón y con gafas de sol oscuras sentado unas mesas más a mi derecha. Está leyendo uno de esos periódicos gratuitos que hasta ese momento pensaba que ya no existían. Por alguna razón curiosa me daba la impresión que me miraba a mi y no al periódico. De pronto me empiezo a fijar más a fondo en su persona. Su boca era totalmente inexpresiva y sus manos sujetaban el periódico de manera firme, arrugando un poco por los extremos. Sobre la mesa tenía una caja blanca, sin nada escrito en ella… aunque… mientras miraba la caja, el titular del periódico visto de refilón me hizo estremecer: el periódico estaba del revés. ¡Estaba fingiendo que leía el periódico! ¿Me miraba a mi? ¿Qué quería? 

Asustado, decidí irme pero, cuando estaba a punto de levantarme… ¡PLAF! el camarero apareció y me sirvió un vaso de agua con dos cubitos enormes, mientras me dice: Lo más refrescante y natural, agua del grifo, son 3 euros. Más decepcionado que cabreado, le pagué los 3 euros para que se quitase del medio. Cuando lo hizo, el hombre de marrón ya no estaba en la mesa. No había ni rastro de él ni del periódico ni de la caja. Un tanto tembloroso, me bebo el vaso de un trago y me dispongo a levantarme cuando, de pronto, noto una extraña vibración en el bolsillo. ¿Quién me llama? Al coger el móvil no tenía ninguna llamada, ni mensaje ni notificación… habrá sido una de esas llamadas “fantasma” que dicen que hace nuestra mente. Sea como fuere, cogí la maleta, me puse la gorra, las gafas de sol y me dirigí hacia la boca del metro. 

– Continuará –

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Homenaje a los teletiendas

>> lunes, 11 de junio de 2018

Los teletiendas. Esos programas tan fascinantes e hipnóticos que te intentan vender humo y que cuando compras, luego nada es lo que parece.

Esos espacios televisivos donde los argumentos son redundantes, los conceptos a veces equivocados y los precios un tanto desorbitados con ofertas sospechosas. Y por supuesto, con sus faltas ortográficas camufladas en la rotulación y en los contenidos del mismo.

Por supuesto que, además de lo comentado, también los hay profesionales, de calidad y realmente con productos que valen la pena. Pero hoy el homenaje van a los que abundan en las cadenas por la madrugada, cuando muchos de ellos parecen improvisados. De ahí su arte, te enganchan, como los programas de tarot.





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